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Full text of "Silvio S. Geranio 1929 Primeras Ejecuciones"

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SILVIO S. GERANIO 


PRIMERAS EJECUCIONES DE 
ARTE SUPERIOR EN 
MONTEVIDEO 

Apartado de la Revista de la Sociedad 
‘‘Amigos de la Arqueología”, Tomo III, 1929 



MONTEVIDEO 


Imprenta " El Siglo Ilustrado”, San José 93 8 

1929 



PRIMERAS EJECUCIONES DE ARTE SUPERIOR 
EN MONTEVIDEO 




SILVIO R. GERANIO 


PRIMERAS EJECUCIONES DE 
ARTE SUPERIOR EN 
MONTEVIDEO 



MONTEVIDEO 

hnp. "El Siglo Ilustrado” , San José 93 S 


1929 




Apartado de la Revista de la Sociedad 
‘ Amigos de la Arqueología”, Tomo III, 1929 




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PRIMERAS EJECUCIONES DE ARTE 
SUPERIOR EN MONTEVIDEO 


POR 

Silvio S. Geranio 

Hasta pasada la mitad del siglo XIX las artes plásticas no 
habían tomado en nuestro país desarrollo apreciable. 



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Tallistas, plateros, fundidores, marmolistas, etc., artesanos 
hábiles algunos de ellos, producían a base de lugares comunes 


SILVIO R. GERANIO 


8 

de arte europeo de pacotilla, y penosamente se sustentaban en 
el ambiente precario en que actuaban, falto de recursos y aun 
no educadas sus masas a la apreciación del arte mayor. 

Es cierto que de tiempo en tiempo solian sentar sus reales en 
nuestro país algunos artistas de mérito, para luego retirarse a 
más propicias plazas, cuando la desilusión les indicaba su equi- 
vocada ubicación. 

De estos artistas de pasaje más o menos prolongado, tenemos 
muchas obras. De autor anónimo o incierto las más, las vemos 
abundar en la propiedad pública y privada. 

Uno solo de estos artistas, quizá el de más valor de todos 
ellos, el escultor catalán don Domingo Mora, aventuró su por- 
venir radicándose y formando su familia entre nosotros. 

Pero, a pesar de su intención entusiasta, tampoco le fue po- 
sible sustentarse aquí definitivamente, no obstante haberlo in- 
tentado con decidido esfuerzo por espacio de muchos años, des- 
arrollando su capacidad multiforme y acertada, desde la pin- 
tura del retrato, correcta, a la escultura en todas sus formas, 
desde la cerámica policroma y esmaltada, a la decoración ar- 
quitectónica. Hubo también de emigrar para triunfar en otra 
América. 

Llegó Mora aquí por el año 1864, tenemos entendido, y de in- 
mediato se asimiló a nuestro ambiente con cariño verdadero. 
Lo prueba su producción, que, como la de su compatriota el 
"Viejo Pancho”, versó con insistente preferencia sobre cosas 
nativas, especialmente sobre el extraordinario hijo de nuestros 
campos de antaño. 

De la producción de Mora poco ha llegado hasta nosotros. 
Fuera del soberbio yeso "Víctima de la Guerra Civil”, que fi- 
gura imponente en el Museo de Bellas Artes, y de una que 
otra pieza de propiedad particular, nada queda de su copiosa 
labor en esta para él tan poco halagüeña urbe. 

El señor don José A. Carulla, cuyos antepasados cultivaron 
estrecha amistad con el artista, posee varias de sus obras, entre 



PRIMERAS EJECUCIONES DE ARTE SUPERIOR EN MONTEVIDEO í) 

las cuales, las tres que ofrecemos a continuación, que conjunta- 
mente con el retrato del autor, — que, como dice E. Laroche 
en la biografía que del artista publicó en la "Revista Selecta”. 
N." 16, año II, 1918, "destaca con singular distinción su gallar- 
da figura y sus grandes ojos de intenso mirar”, — fueron por 
la gentileza del señor Carulla, puestas a disposición del que 
suscribe. 

De la producción figura 1, una cerámica pintada, hay que 
lamentar que su excesiva fineza dió lugar a que se destruyese 
la pluma de ave y la hoja del cortaplumas con que el viejo dó- 
mine templaba su péndola a la luz de su balcón de persiana de 
tablilla. 

La obra figura 2, no llegó a ser cocida; desde más de me- 
dio siglo se mantiene en barro, intacta, debido al solícito cui- 
dado de su poseedor y tal cual salió de las manos de su correcto 
modelador. 

De las figuras números 3 y 4, sólo poseemos el modelo en 
yeso. 

Como éstas todas las obras de Mora. Prolijamente modela- 
das y minuciosamente detalladas, son obras descriptivas a más 
de serlo de arte. 

Del ropaje del viejo que entretiene con el violín al niño de 
mínima edad; desde la coleta a la hebilla del zapato, se puede 
reconstruir con el más pequeño detalle al burgués súbdito de 
Fernando VII. 

Estas obras, como lo vemos, no desentonarían en el salón de 
arte más exigente. 

Pero no fué esta clase de producción de carácter general cos- 
mopolita, el único fuerte de Mora. Otro género de arte, para 
nosotros más trascendental, fué actividad entusiasta del ar- 
tista residente: nos referimos a la representación de nuestro 
hombre de campo, quien en la época en que Mora trabajó aquí, 
aun se ofrecía con las características inalteradas que tuvo du- 
rante todo el ciclo en que le cupo actuar como factor consti- 
tutivo de la nacionalidad. 



10 


SILVIO R. GERANIO 


En la antigua quinta de Piñeyrúa (hoy Sanatorio de Da- 
mas de Caridad), en yesd y en perfecto estado de conser- 



Fig. 1 


vación, pese a su material deleznable, se ofrece una fantás 
tica y complicada labor decorativa del autor que nos ocu- 
pa (figuras 5, 6 y 7), labor que basta para evidenciar el 


PRIMERAS EJECUCIONES DE ARTE SUPERIOR EN MONTEVIDEO II 

deminio que el artista tenia del dibujo y de la materia que plas- 
maba. 



Fílí. 2 


En la galería de la figura 5, y como descanso visual entre las 
violentas fantasías ejecutadas personalmente por Mora, se ven 


12 


SILVIO R. GERANIO 


dos cielos rasos, donde la imaginación extraña del artista cesa 
de torturarse para exhibirse bajo la forma de cuadros de esce- 
nas genuinamente nacionales de extraordinaria vitalidad, sig- 
nificado y penetrante observación. 

Estos cuadros sintetizan en pocas figuras, todo lo que era 
nuestra campaña en la época en que Mora trabajó desencanta- 
do, para nuestro patrimonio artístico. 

En ellos todo está dicho; no había en esa época mucho más 
que decir sobre el tema. Pone Mora allí de manifiesto la mi- 
sión del campesino de entonces. 

La agricultura no la representa: unas espigas de maíz que 
diagonalmente dividen los cuarteles de sus cuadros, y nada más. 

Ocupa todo el escenario, la tarea principal campestre de an- 
taño: la reducción del ganado bravo, el dominio de la natura- 
leza animal (figs. 8 y 9). 

Uno de los cuadros enseña el campo en su estado primitivo: 
avestruces, potros retozando. 

El otro lo exhibe ya dominado. La lechera y el ovino de exu- 
berante vellón, pastan apaciblemente en la vasta campiña. 

Pero en el primer cuadro, como corolario, impera el hombre 
desbravador y fiero, el gaucho de vincha y pie desnudo, que 
hinca su recia espuela en los ijares del potro en su bote más 
desesperado para desvincularse de su dominador indesmontable. 

Equilibra este episodio, otro no menos rudo: el vacuno bra- 
vie, al que sólo pueden domeñar dos lazos opuestos en la cerviz. 

Como oposición, en el cuadro de la naturaleza vencida, el 
hombre ya no actúa sino para descansar y mostrar sus costum- 
bres, domésticas podríamos decir (figs. 10 y 11). 

Los recios obreros nativos desmontan al borde de una mansa 
corriente, y allí, a la sombra de su vegetación indígena, desen- 
sillan, y entre lazos, recados y boleadoras, sin que deje de acu- 
sar su presencia el antiguo frasco cuadrangular de ginebra, el 
mate y el churrasco coronan la dura labor realizada. 

Detallista, Mora no ha dejado en olvido nada del ajuar del 
campesino y de su apero. 



PRIMERAS EJECUCIONES DE ARTE SUPERIOR EN MONTEVIDEO 13 

No olvidó el facón en ninguno de sus personajes, ni ninguna 
de las piezas de su indumentaria genuina, su característica ma- 
nera de desensillar, la enramada clásica: todo está en miniatu- 
ra expresado en sus cuadros de yeso. No dejó el artista, tampo- 
co, de enseñar la cocina del campero, heredada del indio, el tro- 
zo de carne ensartado en una estaca, a la que, por excesiva me- 
ticulosidad, le quiebra un extremo al gerlp'e de la piedra con 
que la hinca en el suelo sobre la leña encendida. 

Y hasta su caballo de trabajo asume un tipo especial, el tipo 
de la tierra, tantas veces recordado. 

De largas y ondulantes crines en la doma, el caballo de nues- 
tro campesino pasa al trabajo garbosamente tusado en ancha 
curva circular. La cola recogida, en abultado nudo, no fue 
tampoco detalle que escapara al fiel retratista Mora, ni la guar- 
nición metálica con que el paisano ornaba el fino trenzado de 
la rienda, a la que, en las figuras que tenemos a la vista, vemos 
obedecer su caballo, con la penosa expresión de fatiga que le 
causa el sostener a la cincha el vacuno enfurecido tomado a dos 
lazos. 

Todo este detallismo por las nubes, podrá no ser del agrado 
del crítico grave, pero para el reconstructor de las cosas del 
pasado, es indiscutiblemente precioso, es una invalorable fuen- 
te de información. 

Las producciones de Mora son fielmente documentarías, tie- 
nen por base la copia de su asunto en su mismo escenario, son 
verdaderas. 

Domingo Mora ha realizado otras muchas obras de esta es- 
pecie, que paulatinamente fueron perdiéndose por destrucción, 
dispersión y exportación. 

Una de estas obras, la conocida por "El Gaucho de la Plaza 
de Carretas”, aunque maltrecha y remendada, aun se mantiene 
en la azotea de una casa vetusta de la Aguada (figs. 12 y 13). 

Es un pintoresco paisano, de larga y desordenada melena, 
hondamente surcada por el barbijo que le atraviesa la cara. 




Fi 










16 SILVIO R. GERANIO 

Calzado de bota de potro, el sombrero a la nuca, un vaso de 
caña en una mano y el rebenque en la otra. Apoyado en una 


Fig. (¡ 

de esas barreras o palenques que solían tener las pulperías en su 
vereda para atar los caballos, contempla en calmosa pose gau- 









PRIMERAS ETECUOONES DE ARTE SUPERIOR EN MONTEVIDEO J7 

■chesca a sus cofrades diseminados en actividad comercial crio- 
lla en la Plaza de Carretas, hoy solar de la Facultad de Me- 
dicina. 


Fig. 7 


Esta figura de terracota fue ejecutada por Mora, copiando 
a su personaje del natural. Plasmó su modelo, elegido entre cien- 













to, tal como se le presentó y posó en la misma casa que hoy 
sirve de pedestal a su ya anacrónica e interesante figura. 



Fijr. 12 

"El Gaucho de la Plaza de Carretas” fue policromado por el 
mismo Mora y dotado de ojos de vidrio — aun conservaba uno. 


PRIMERAS EJECUCIONES DE ARTE SUPERIOR EN MONTEVIDEO 21 

cuando el que suscribe procedió a su calco, autorizado por el 
señor don Francisco Carrau, dueño de la obra, y a quien se debe 



Fv¿. 13 


su conservación y el no haber desaparecido tal vez del país, 
puesto que repetidas veces le fué solicitado el evocador icono. 









Fig. 16 



21 


SILVIO R. GERANIO 


Esta figura ofrecía, además, la particularidad de tener el 
cabo de su rebenque cerámico dotado de lonja de cuero natu- 
ral. que movida por el viento, era objeto de la atención de los 
colegas de nuestro retratado, que acampaban en la Plaza de 
Carretas. 

Esta elegante estatuita sustituyó a otra del mismo autor, que 
se había destruido y representaba a otro personaje de la misma 
especie tomando mate. 

Pero la obra de Mora, que por su significado y por su eje- 
cución superior, verdadero modelo de monumento, ocupa el 
más alto lugar entre las que el artista realizó aquí, es, sin duda 
alguna, la que conserva nuestro Museo de Bellas Artes bajo el 
título "Víctima de la Guerra Civil” (figs. 15 y 16). 

Esta obra también representa a su personaje predilecto en 
este suelo para él tan poco promisor. Personaje que plasmó ba- 
jo todas sus formas de vida: en sus pesadas tareas ganaderas, eñ 
sus costumbres, en su club social, la pulpería. No podía, pues, 
cómo coronamiento, dejarlo de representar en la misión más 
culminante que la suerte le deparó: la misión heroica. 

La "Víctima de la Guerra Civil”, impresiona por su carác- 
ter y crudeza real. Vemos allí, en nuestro paisano de antes, al 
soldado desconocido, el más desconocido de todos los que hoy, a 
profusión, han dado tema a la estatuaria europea de postguerra; 
lo vemos en horrorosa agonía, abandonado en la cuchilla, con 
el pecho desgarrado por la feroz lanza fratricida. 

El pintor don Ernesto Laroche, en su biografía de Mora, 
demanda que esa simbólica producción sea colocada, para eter- 
na enseñanza, en una plaza pública. Sería esto, el más grande 
acierto en materia de homenaje patriótico. 

El que suscribe, hace algún tiempo coincidía en este mis- 
mo pensamiento, proponiendo al Consejo Superior de Ense- 
nañza Industrial de que forma parte, la fusión en bronce, en- 
tre otras, de la obra en cuestión, para erigirla como recorda- 
ción venerable en un lugar público, desiderátum que ya estaba 



PRIMERAS EJECUCIONES DE ARTE SUPERIOR EN MONTEVIDEO 25 

en vías de ejecutarse, si una incidencia puramente administra- 
tiva no lo hubiese hecho malograr. 

Las contadas obras del escultor Mora que nos quedan y que 
todas se hallan en condiciones precarias, de deleznable yeso 
unas, en barro otras, y casi destruidas las demás, deben vaciar- 
se en material imperecedero. 

Lo reclaman su mérito artístico, etnológico e histórico, fue 
ra de lo que significan para la historia de la evolución de las ar- 
tes plásticas nacionales, por su carácter de primeras ejecucio- 
nes de arte superior en Montevideo. 


Octubre de 1929.